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lunes, 29 de enero de 2018

Vida después de la muerte pt 3

La mochila de Gómez desaparecío, mi cuerpo tomó mi mochila y empezó a caminar solito hacia la facultad, estaba aterrada ¡No era yo quién estaba controlandome!
Al llegar, empecé a saludar a todos de forma habitual, con la única diferencia de que no era yo quien estaba haciendo la acción.  Las cosas raras empezaron a suceder, empezaron a pasar lista, y cuando llegó el turno de gómez, simplemente no lo mencionaron, como si no existiese más en la faz de este mundo.  La clase proseguio normal, mi cuerpo abrío mi cuaderno, y sacó de mi bolso una pluma, la caligrafía con la que empeezó a escribir fue bastante extraña, se me hacía muy familiar...
¡Era la de gomez!
Pronto la letra se volvió normal, redonda y grande como suelo escribir. Una sonrisa se dibujó en mi rostro sin que yo lo hubiese hecho.
Soy muy estudiosa, y de las mejores de la clase, así que el profesor me hizo una pregunta, derecho penal, vaya, esa no la había estudiado y no la recordaba, de tantas cosas que pudo haber preguntado, preguntó justo lo que no sabía.
Mi cuerpo se paró, y lo que sucedío me sorprendío muy gratamente. Estuché el tic-tac de mis tacones, puesto que mi cuerpo se dirigío hacia el pizarrón. Tomó un pumón y usando mi caligrafía, empezó a dibujar un mapa conceptual, pronto mi mano tomó la regla con la que suele señalar cosas el profesor y mi voz empezó a explicar cada etapa, de una forma muy detallada. Habré estado 15 o 20 minutos parada explicando todos los conceptos, de una forma muy clara y nítida, al terminar todos se quedaron muy callados, el eco de mis tacones al caminar era lo único que se escuchaba. Al sentarme, todos empezaron a aplaudir: en un ratito fueron capaces de comprender un macrotema tan complejo, y yo había dado una explicación como si de una profesional se tratase.
"Lo había estudiado anoche" Susurré
Estaba muy confundida, demasiado, pero esto no me estaba incomodando demasiado. No pude hacer ninguna pregunta, el día siguío de lo más normal, sin contar el hecho de que no era yo quién estaba realizando todas las acciones
Comí lo usual, y mi cuerpo platicó con mis amigas normalmente, ellas no se percataron que no era yo.
Mi día escolar había acabado, todo había transcurrido muy normal. El tic tac de mis tacones se escuchaban al caminar, un poco más de lo usual, nuevamente susuré "No estoy muy acostumbrado" seguido de una pequeña risita.
Mi cuerpo empezó mi ruta usual de regreso a casa, y sin ningún contratiempo llegué.     

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